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miércoles, 15 de enero de 2014


El gran mapa de las emociones humanas








“La ansiedad puede ser experimentada como un dolor en el pecho, el enamoramiento puede desencadenar cálidas sensaciones placenteras por todo el cuerpo”. Palabras más, palabras menos, centímetros más arriba o abajo, casi todos podríamos aprobar esta afirmación. Claro que en este caso deriva de una investigación científica, realizada por investigadores de la Universidad de Aalto, Finlandia, quienes desarrollaron un completo mapa de las emociones humanas, puntuando con colores el modo y la intensidad en que dichas emociones se manifiestan en el cuerpo. Los resultados de la investigación demostraron que las emociones más habituales tienen un efecto muy fuerte y claramente reconocible en el cuerpo de las personas que las viven, y que va más allá de las diferencias culturales: estos patrones de sensaciones se repitieron casi idénticos en habitantes de Europa Occidental y de Asia. Esto implica que más allá de los componentes culturales y de contexto, las sensaciones corporales ligadas a la experiencia emocional tienen una base biológica. Es decir que estas emociones no solo tendrían un “correlato” en el cuerpo, sino que bien pueden ser generadas por el propio cuerpo; hacer el mismo camino en sentido inverso (primero la sensación de felicidad, luego la felicidad, por ejemplo).
Uno de los autores del artículo lo explica de esta manera: “las emociones se ajustan no sólo a nuestro estado mental, sino también a nuestros estados corporales. De esta manera nos prepara para reaccionar rápidamente ante los peligros, pero también a las oportunidades como las interacciones sociales placenteras. La conciencia de los cambios corporales correspondientes puede desencadenar las sensaciones emocionales conscientes, como el sentimiento de felicidad”. En las imágenes elaboradas por el equipo de la Universidad de Aalto pueden observarse los efectos físicos de las sensaciones de ira, miedo, asco, felicidad, tristeza, sorpresa, ansiedad, amor, depresión, desprecio, orgullo, vergüenza y envidia; marcándose con rojo las zonas más activas y con azul las menos. Vale la pena evocar estas sensaciones, al menos por un momento, para ver hasta qué punto coinciden sus efectos corporales con los indicados en la investigación. 
cortesia por Christian Jofre Silva
gracias

domingo, 27 de enero de 2013

Las emociones

 --Qué vas a hacer cuando te retires, ahora?
--Pondré enseguida un taller de mecánica – soy bueno en eso,me gusta, contestó el Ejecutivo de la Universidad de Música. Después de 30 años de servicio, había trabajado un par de años de más, y mientras, en el último año hizo un par de veces números de lo que iría a recibir como pensión. Contento y satisfecho de los resultados.
--Incorrecto, mi querido amigo. Debes darte un tiempo. Al menos de 6 meses a un año, antes de volver a emprender una jornada nueva de trabajo.  Eso te dará tiempo de refrescarte y analizar todo lo del taller.
Puedes ir varios meses a Alemania a estar con tu hija y tu nueva nieta, tus tesoros,  que se fué con su esposo soldado y quieren verte.
Se quedó con la mirada fija en el vacío, como si lo analizara.

      Pero en Jorge había otra prioridad. Arreglar de una vez por toda, la tranquilidad de su entorno. Se acostaba con el tiempo razonable para madrugar a abrir las oficinas ejecutivas, y luego atender y entregarse a todo el estudiantado,con las becas.
Al regresar a su hogar, tenía cuatro "cantinas", residencias ensordecedoras en todo su entorno, alfrente de su casa, al lado, y atrás.
Yo le decía:
-Aprovechemos a practicar ese ritmo, que todavia yo no lo sé bailar, (por aquel de “si del cielo te caen limones, haz una limonada”) y nos sonreíamos.
Pero sus emociones fueron tan afectadas, para manejar esta situación, que terminaron, Jorge y los vecinos en el Tribunal.
 Unos días antes de la vista, fuí a verlo a su casa, y casi recién llegue y salí del carro, veo que el vecino de alfrente junto con la esposa, agarrados de brazo y cintura venían caminando hacia nosotros, yo me metí casi en el carro, y el se quedó parado entre la entrada del portón de su casa. Pude ver claramente que el vecino portaba un gran cuchillo, que desvió el camino hacia el lado, que no había residencia, comenzó a cortar y cortar matas, vaciando todo su ímpetu y energías.  Lo antes que pude, después de ver todo, me fuí y Jorge entró en su casa. Lo llamé desde mi casa para saber cómo estaba y le dije que podía contar conmigo como testigo. Me dijo que era ella la que impulsaba al marido a esto.

El caso de alteración a la paz, se dió en el Tribunal y  le dieron toda la razón a Jorge. Le hicieron la despedida a Jorge en el trabajo.  Llegó el día de comenzar su retiro. Yo, su ex compañera de estudios secundarios, y amiga de su familia, le dí el espacio que necesita una persona, recien retirada, y el par de meses para que pensara y no influir en sus decisiones, ya yo había hecho mi contribución.
Al pasar el par de meses, lo llamé. El teléfono no funcionaba. Entonces decidí pasar por su casa.  El vecino de al lado, y amigo, me dijo, se fue y en los brazos de su madre anciana.

Las emociones le pasaron factura. No le permitieron, ni cobrar el primer cheque. Toleró tanto, calladamente, se acostaba suprimiendo sus ganas de pedir paz,  libertad, consideración. 
Las emociones nos pasan facturas, nos cobran un órgano, la vesícula, el corazón, la razón, la cordura,  y en el caso de Jorge, la factura fue muy alta.